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Saturday, October 27, 2007

Esta sociedad tiene mala conciencia


-¿Hay una gran insatisfacción con el modelo social en el que crecen niños y adolescentes?

-No. Hay una gran preocupación. Sabemos que los niños están sobresatisfechos, pero somos conscientes de la falta de afectividad. Invertimos mucho materialmente, pero estamos muy ocupados para atenderlos. Hay un 25% que dice no dedicar el suficiente tiempo a sus hijos. Cuando les preguntamos por las causas nos dicen que por el trabajo, otros por la incompatibilidad de horarios. Tenemos una sensación de vivir atrapados que nos impiden establecer esos lazos relacionales. Vivimos en una sociedad muy orientada a conseguir ciertos logros materiales y olvidamos otro tipo de expectativas.

-Eso es frustración.

-No. Yo lo llamaría mala conciencia. La época moderna está muy orientada hacia lo material y cuando tenemos cubiertas las necesidades básicas más materiales empezamos a valorar otras más personales, afectivas. Esto lo permite un estado de bienestar como en el que vivimos.

-¿Hay malestar por el sistema educativo donde crecen los niños y adolescentes?

-Hay preocupación. Es un sistema de profesionales que se preocupan de parcelas de la educación del niño, pero el sistema no asume al crío en su integridad. Cuando emergen problemas de violencia escolar, las familias tienen dudas de si la escuela ofrece una respuesta efectiva. La educación del niño requiere una visión más integradora, una atención más generalizada. Muchas veces surgen casos muy concretos y nadie sabe quién tiene que asumir la correspondiente responsabilidad. Hay que intentar que los colegios no estén tan segmentados y que haya estructuras que den un sentido global a la atención de los niños.

-Los medios de comunicación aparecen casi como demonios.

-Los padres están preocupados por el tiempo que pasan los adolescentes ante las distintas pan tallas y lo que asimilan en ese tiempo. Los medios deberían adquirir un mayor compromiso con la educación y socialización del niño. Se deberían preocupar más del tema.

-La conclusión sería

-Me preocupa que nadie se pueda hacer responsable del niño en su totalidad. Es la síntesis o el problema más profundo. El padre no es totalmente responsable, el maestro tampoco, ni los medios de comunicación. En ese juego de espacios, el niño y el adolescente utilizan ese juego para su desarrollo. Lo que más me preocupa es que el niño ha dejado de vivir en un espacio más o menos unificado donde todos los agentes de socialización están unidos, se hablan y se relacionan. De ahí la sorpresa de muchos padres cuando acuden al colegio y se asombran de que sus hijos no responden a las expectativas deseadas. La mayor preocupación es saber si estamos educando bien en la situación a esta población en la sociedad que tenemos.

Tuesday, September 11, 2007

La TV, mucho peor que mala

La televisión por aire de cualquier latitud, tal cual la conocimos, se viene muriendo hace rato por dos fuerzas contrapuestas que la estrangulan: por un lado, el poder de la tecnología, que dispara los contenidos que antes monopolizaba ese sistema hacia formatos y artefactos inesperados y más versátiles (cable, DVD, celulares, sitios de Internet, etcétera) y vuelve cada día más obsoletos sus géneros, modalidades y horarios y, por el otro, la brutalidad, clara y manifiesta, a la que muchos programadores, productores y conductores se aplican con tanto esmero para convertir ese fragilizado ámbito en un hábitat cada vez más desagradable.

El deterioro del medio ya no reconoce fronteras, es generalizado e, incluso, toma de lleno a países, como los Estados Unidos, donde, aun con regulaciones más estrictas en la materia, el descalabro ya se intuye.

En efecto, el diario Los Angeles Times dio a conocer un revelador estudio del Consejo de Televisión de Padres de Familia de Estados Unidos, que, tras examinar 180 horas de televisión en seis cadenas diferentes de TV durante un par de semanas entre 2006 y 2007, llegó a la conclusión de que las escenas violentas en ese medio se incrementaron en un 52,4 por ciento, en tanto que las temáticas sexuales aumentaron en un 22,1 por ciento en comparación con un estudio similar realizado cuatro años atrás.

"Ya no existe un espacio familiar. Para aquellas personas que crecieron viendo el show de Bill Cosby o el maravilloso mundo de Disney, esos días se acabaron", aseguró Timothy Winter, titular de la entidad que encargó la medición.

Según un cable de la agencia DPA, "este fenómeno se inició hace 25 años cuando se acabó el código de conducta de la Asociación Nacional de Difusoras. Las cadenas de televisión por muchos años asignaron de forma voluntaria programación infantil de 20 a 21 horas, de lunes a sábados, y desde las 19 hasta las 21, los domingos. Por su parte, las cadenas de televisión aseguran que el espacio familiar es una noción del pasado".

Siempre se puede estar peor: el citado estudio consigna que en la TV norteamericana el lenguaje obsceno disminuyó en un 25,4 por ciento, pero que esa cifra es engañosa ya que hay un 40 por ciento más de censura a palabras vulgares, el "bip" tan poco usado en nuestras pantallas, donde la escalada de vocablos ásperos, sin restricción de horarios, es exponencial.

En un nivel peor que malo el valioso documento crítico sobre la TV de una academia prestigiosa, como el que emitió días atrás la de Educación, es esterilizado por falta de acompañamiento de quienes podrían hacer algo concreto para mejorar las cosas (los anunciantes, los publicitarios, los permisionarios de los canales, el Estado, las cámaras y asociaciones ligadas a ese medio y el periodismo especializado, que, salvo excepciones, prefiere funcionar como festiva caja de resonancia de las trapisondas del lupanar mediático que se apropió del medio).

Hay lugares donde la televisión abierta está mal y otros donde está bastante peor. No hace falta, por razones un tanto obvias, aclarar por qué la nuestra revista, de manera tan entusiasta, en el renglón más oscuro.



MaraB, "The way out is through".